Otra calada a mi calma, otra historia no acabada
Un día más sin inspiración
Puñaladas, me da más muerte una mirada
Porque nunca se me acabarán las palabras
Y fuera no queda nada.
—-
Tus moradas alas, camarada
Y me quedé con ganas
Ganas de un recuerdo de tu alma.
—-
Y ya me duele la cabeza
Muerte, muerte, su historia
Se ha vuelto, alma del viento
Cólera, sin miedo
No me quedan apenas por qués
Mas sigo buscando dóndes
Meros peros, una mota
¿Por qué se agota la pluma antes que mis ganas?
Diestro y Siniestro ya no están
Olvidados fueron, sin sentido
De sus más oscuros perdidos
Personas, suicidios.
Si no puedes comprenderme, no intentes detenerme
Por cada persona que no siente
Por cada mente que debe
Por cada ser que deja de ser inerme
Arde, arde en tu infierno
Por cada alma congelada que deshace tu tiempo
Por cada uno que pierde
Me dicen que no me encuentro
Ángel de la muerte, no veo tus alas
Mas, ¿necesito yo estos alientos?
No le encuentro perdón
No le veo sentido
Una trayectoria al fin
Porque nunca vas a llegar, no temas pensar
Todos son puntos muertos, encuentra tu lugar
Volaras hacia abajo, cayeras hacia tu débil cielo
Y seré poeta, pero no estoy muerto.
Tan arriba, tan abajo, el escritor que se esconde de la luna. Un encuentro en las lejanías de su mente, otra alma que teme un guardián.
Duerme.
Ciégate ante el mundo, pero no sin antes haber ya muerto. Sordo, caído del infierno. Escribe tu final. No temas temer.
El camino de la muerte a sus sueños.
No hay nadie, está vacío, no hay nada.
En todo, todo el jodido infierno.
Ni un alma, y no quiero.
El cielo, está en calma.
Antes de que pierda mi inspiración.
¿Por qué, musa, me abandonaste?
Solitario numen, sin sentencia.
Poetas, si no hacen.
Estro, ¿dónde quedaste?
Tras el final, para el comienzo. Esté tu alma en el día, libérate de execración. Sé libre ante tu puerta. Abre tu verdad.
Austero filósofo del oeste, salva tu mundo. Brilla, homúnculo caído.
Malditos seres inmortales, hostigan su sol.
Quererte ir, fustigar tu mente, sucumbir.
Ser para algo mejor, descontrol.
Va a criticar su sueño imposible, asesina mis días.
Describirlo, escribirlo. Deseo innato, arte fulgurante.
Detiene el tiempo, grandiosa actuación.
¿Aguarda? Dulce tarea en la ignorancia.
Ideas plegadas que se esconden del mundo. Pura inoculación.
¡Deslumbra! No podemos ver su interior.
Luz en la decadencia. Sangre emana, salvación.
Futuro elegido, bendito el cambio. Por alterar el olvido, un parecer ciego, un fin egoísta. Un mundo nuevo, un nunca, un para siempre.
Temido destino, cómo perder lo que no imaginamos sacrificio, cómo dejar morir lo que siempre se quedó. ¿Cómo vivir?
Perdemos a cada instante. Tormentas de nada, nubes de osadía.
Atrapado en este mundo, Ángel de la muerte, te espero.
Caballero solitario, ¿por qué no buscas tu guerra?
Áridos alientos pierden sus razones. Colores se degradan, el ánimo se va. ¿Queda algo en los corazones?
La misma persona, desterrada, recordada en el olvido. Consumida en el fin, preparada para un final. Nunca muere, sólo teme ser.
En el mismo sitio, distinta, acondicionada por su destino. ¿Hay principios en un comienzo?
Honores raídos, un grito.
Quiere querer, nunca puede.
Confusión, acercarse. Tener miedo, un delirio.
Quiere ver, nunca sueña.
Haraquiri, un suicidio.
Contar con el Diablo, contar 42.
Una sonrisa demoníaca no se muestra, acompaña la más profunda mirada desorientada. Sin dirección, va perdida, se fija en aquel que nunca la querrá.
Corazonadas seguidas, destinos caídos por tintineantes pendientes en el suelo.
Cómo no haberme acercado, tanta oscuridad me llamaba, exasperante.
Cómo no haberme alejado, el fin helaba, temí un principio.
Pedigüeña, dejaste atravesar tu loriga dorada.
Perseguida por quien no existe, amada por quien no vive.
Partir sin destino, correr sin ojos, seguir sin camino.
No haber vistas, estar ciego ante algo que no existe.
Colocar piedras para marcar por dónde no ir, crear vías hacia el infinito.
Saber que todo lleva al fin. Parar, derrumbarse, poder ver y no haber nada más.
La construcción de una torre sin sentido, polvo ante el viento.
No hay texto sin escritor, no hay Dios sin creyente.
Un alma vacía, un cuerpo inerte.
Soy Dios en mi mundo, demonio en el suyo. Escritor del alma, lector de los cielos.
El encargado de salvarme, el único que puede hacerlo. Entre tantos, cualquiera.
Pero distinto entre los iguales. Poeta de sueños, dibujante de mundos. Hambriento de ilusión, buscador de mi esperanza.
El peor tú. El mejor yo.
Demoledor de destinos, tentador de suertes, constructor de caminos.
¿Puedo volar sin alas? Puedo ser sin haber sido visto.
Viajero sin rumbo, ¿por qué he de amar si no he pecado?
Un sentir sin fin. Carcelero del olvido.
Soy yo, el que guarda 41 vidas más en un cajón
Soy quien quiero ser, estoy donde quiero estar.
Soy yo, el vengador del último perdón.